Mi abuela fue una señora maravillosa me enseño a jugar el
monopolio,
Ella entendió que el quid de la cuestión era adquirir,
acumulaba todo lo que podía.
Y finalmente se convertía en la dueña del tablero.
Y
entonces siempre me decia lo mismo:
Un día aprenderás a jugar este juego.
Un verano, jugué al Monopolio casi todos los días, todo el día.
Y ese verano aprendí a jugar el juego.
Y comprendí que la única
manera de ganar, es tener una dedicación total a la adquisición.
Comprendí que el dinero y las posesiones,
es la manera de
seguir ganando.
Y al final de ese verano yo ya era más despiadado que mi
abuela.
De tener que hacerlo, estaba dispuesto a deformar las reglas
para ganar ese juego.
Y me senté con ella a jugar ese otoño.
Le quite todo lo que tenia.
La vi entregar su ultimo dolar y
retirarse totalmente derrotada.
Pero aun le quedaba una cosa por enseñarme.
Entonces me dijo:
ahora todo vuelve a la caja...
Todas esas casas y hoteles,
Todos los ferrocarriles y
empresas de servicio Públicos.
Todas esas propiedades y todo ese maravilloso dinero.
Ahora todo vuelve a la caja.
Nada de eso era realmente tuyo.
Te entusiasmaste mucho por un tiempo.
Pero estaba aquí mucho
antes que te sentaras al tablero y estará aquí después que te hayas ido:
los
jugadores vienen y van.
Casas y automóviles, títulos y ropas… incluso tu cuerpo.
Porque el hecho es que todo lo que consiga, consuma y acumule,
va a ir a parar nuevamente a la caja.
Así que debes preguntarte cuando
finalmente consigas el ascenso definitivo,
cuando hayas hecho la adquisición
definitiva,
cuando compres la vivienda definitiva,
cuando tengas suficiente
seguridad financiera y hayas subido la escalera del éxito,
hasta el peldaño más
alto que puedas alcanzar y la emoción desaparezca.
¿Entonces que?
¿Cuanto
tienes que caminar por ésta senda antes de que veas a donde conduce?
Sin duda
comprendes que nunca será suficiente.
Así que debes preguntarte: ¿que importa?
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